Cuando el mundo empezó a utilizar masivamente computadores en oficinas, universidades y colegios, una cantidad de empresas volcaron sus esfuerzos a la concepción de herramientas que se pudieran utilizar para mejorar los procesos educativos y de comunicación.

Bill Atkinson, creador de Hypercard
(foto de Thomas Hawk)
En 1987 Apple lanza Hypercard, un programa desarrollado por Bill Atkinson y que rápidamente es adquirido por los creadores de contenido que buscaban conectar ideas de manera no lineal. La idea era que mediante “tarjetas” que aparecían en la pantalla se metieran en ellas textos e imágenes y luego, de acuerdo con los botones que en ellas se pusieran, se podía recorrer el contenido de forma libre. Lo interesante del programa es que era tan sencillo como para ser utilizado por niños pero tan poderoso como para que un programador experto desarrollara complicados sistemas de manejo de máquinas y procesos.
En este video podemos ver antiguos desarrollos hechos con Hypercard
¿Ves cuánto hemos avanzado desde 1990?
Si quieres darte una vuelta por una realidad paralela, mira esta versión de Metal Gear Solid desarrollada en... Hypercard!
Otra empresa que contribuye con desarrollos que serán fundamentales tanto para el avance de la idea del hipertexto como para introducir los computadores en los salones de clase y las salas de videojuegos, es Macromedia, que desarrolla Authorware y Director, que son programas que permiten programar secuencias en las que el usuario decide cómo quiere ver el contenido. También se podía incluir textos, imágenes, sonidos y videos, pero casi todos los desarrollos que se construyeron con estas herramientas, pertenecen a la categoría de hipertextos estáticos, ya que los usuarios no podían contribuir, modificar o ampliar los contenidos. Lo que se veía era lo mismo que la casa productora hubiera desarrollado inicialmente. Por eso se distribuían en CDRom, y son antecedentes de cualquier trabajo conectado por red, lo que impedía consumo simultáneo. (Si tienes interés en conocer la historia completa de Director, puedes leer este completo documento)
Utilizando Hypercard, en 1989, una empresa norteamericana desarrolló un CDRom que contenía la 9a Sinfonía de Beethoven de manera interactiva. Fue uno de los primeros desarrollos de este estilo, y lo que permitía era recorrer información sobre la obra a la vez que se podía controlar el audio y escuchar la pieza musical y/o la narración de un experto en música. Pero tal vez el más popular de los desarrollos realizados con esta herramienta es Myst, del que vamos a hablar más adelante.
Beethoven's Ninth Symphony por Robert Winter
Ahora bien, en el 2002 Bill Atkinson dio esta entrevista a la revista Wired en la que confiesa que, de haber pensado en red (fuera de la caja que era el mundo del computador Apple en ese momento), capaz que Hypercard hubiera sido el principio de la web. Cuestión de perspectiva. Lo increíble es que, ahora que Atkinson se dedica a la fotografía, toda su empresa la controlaba hasta hace poco con un sistema creado en... ¡Hypercard!
Jay David Bolter y Michael Joyce
(fotos de
Karola Riegler y zota)
En 1990 una empresa llamada Eastgate Systems lanza un producto llamado Storyspace, que permite a los autores de narrativa no lineal escribir hipertextos usando el computador como soporte de su historia. Es desarrollado por Jay David Bolter, John B. Smith y Michael Joyce. A diferencia de programas editores de texto como Word, Storyspace permite navegar por los links, reconocer la estructura y revisar con facilidad documentos que no se leen linealmente sino de forma aleatoria. Algunas de las más conocidas obras de literatura hipertextual han sido redactadas con él.
Ahora que ha sido lanzado el iPad y que tenemos en el mercado lectores de libros electrónicos como el Sony Reader o el Kindle (entre otros), uno se pone a pensar si no sería que estos escritores estaban muy adelantados a su tiempo y, aunque tuvieron las herramientas para crear los textos, los lectores no tenían herramientas similares para leerlos, y la pantalla del computador no fue tan atractiva para muchos como son las páginas de los libros tradicionales. ¿Será que ahora tendremos un resurgimiento de estas narrativas gracias a los nuevos soportes de lectura?