Según lo que hemos visto, fue Vannevar Bush con su artículo As we may think (Como hemos de pensar), quien describe un aparato llamado Memex, en el que mediante microfichas una persona puede consultar escritos y generar otros nuevos mediante la mezcla de los resultados de su búsqueda con sus propios escritos. Esto era futurista e imposible, ya que la tecnología existente al momento, las microfichas, no tenían manera de ser reescritas por alguien que las consultara, y menos distribuidas de manera sencilla y generalizada.
Pero el texto inspiró a Ted Nelson y Douglas Engelbart a crear la idea del hipertexto y trabajar en herramientas que lo pudieran hacer real. Y a su vez, el trabajo de estos visionarios permitió que numerosas empresas hayan dedicado grandes esfuerzos a investigar los usos y potencia del hipertexto.

William Gibson
(fotografiado por Fred Armitage)
Interesante es que hoy, autores de literatura hablan sobre cómo su proceso de creación ya no es lineal, así como sus historias tampoco lo son, gracias a la aparición de los hipertextos y su presencia en cada espacio de nuestras vidas. Uno de ellos es William Gibson, famoso autor de ciencia ficción cyberpunk (y padre del término ciberespacio) quien nos cuenta cómo ahora, cuando escribe, está muy pendiente de las palabras que usa pues sabe que con ellas puede mandar al lector a la web y a iniciar un recorrido muy personal que parte de la historia en papel pero que se vuelve hipertextual en la pantalla.
Y eso que Gibson no hablaba de lo que puede generar el tener acceso a los archivos digitales de un autor, como es el caso de Salman Rushdie, el famoso escritor de Los Versos Satánicos, quien ha donado sus archivos digitales personales a la Universidad de Emory. Lo que uno puede hacer es recorrer de forma libre cada pieza existente en la máquina del escritor, y de alguna manera escudriñar su proceso creativo. Algo impensable en tiempos de Cervantes o Dickens es ahora una realidad. Puedes consultar los videos de la universidad sobre este tema en esta dirección.