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Durante el siglo 8 a. de C., en Grecia aparece un nuevo lenguaje que no se había representado en ningún alfabeto. Se diferenciaba del Fenicio en que utilizaba bastantes vocales. Por ello quienes lo hablaban decidieron tomar del arameo algunos caracteres prestados para complementar el grupo de signos. Así, se apropian de la A, E, O y la Y. La I es una invención.
En el siglo 5 a. de C. ya estaba el alfabeto griego compuesto por 24 signos (letras), de los cuales 17 eran consonantes y 7 vocales. Se podía escribir en mayúsculas y minúsculas.
Los romanos serán el siguiente pueblo cuya civilización aprovechará el desarrollo de los alfabetos. Al parecer existió una conexión entre los navegantes griegos y el pueblo etrusco (los anteriores pobladores de Roma), lo que les transmitió el alfabeto. Apenas los latinos suben al poder, desarrollan su alfabeto tomando de los griegos y adicionando signos. A, B, E, I, K, M, N, O, T, X, Y y la Z se adoptaron sin cambios. Los romanos modificaron signos griegos para crear D, G, L, S, P y la R. Y resucitaron las letras F, Q y la V que ya no se usaban en Grecia.
Como los griegos, los romanos usaron mayúsculas para escribir en piedra y minúsculas para los papiros y otros soportes, como las tablillas de cera.